
Por Rodrigo Alvarado.
Coach de la Metodología Educativa ASC
En meses recientes han surgido una gran variedad de noticias sobre algo llamado “El Efecto Flynn”. Seguramente has visto algunos artículos un tanto cuanto alarmistas que nos dicen que “las generaciones actuales son menos inteligentes que las pasadas”. ¿Qué tan cierta es esta afirmación? Analicemos la información y el impacto real que tiene en nuestra labor como educadores.
Empecemos por lo fundamental: ¿Qué es el efecto Flynn? En pocas palabras, es el resultado de un estudio realizado por James R. Flynn, un investigador estadounidense que en la década de los 80’s empezó a estudiar las pruebas de IQ realizadas a lo largo de los años y descubrió que existía un incremento constante en las puntuaciones de una generación a otra (Flynn, 1984). Dicho de otra manera: Si aplicáramos a un adulto de inicios del siglo XXI una prueba de IQ de 1930, obtendría resultados sobresalientes, y a la inversa, si aplicaremos una prueba actual a un adulto de los años 30’s saldría “por debajo del promedio”.
¿Qué significa realmente este descubrimiento? Este incremento en puntajes no tiene una causa biológica si no cultural. No es que seamos más inteligentes que nuestros antepasados (el incremento es demasiado rápido para atribuirlo a causas evolutivas), es que cada generación cuenta con nuevas y mejores herramientas para comprender y analizar el mundo que lo rodea.
- Salud Metabólica y Conectividad: La mejora en la nutrición (ácidos grasos esenciales y micronutrientes) ha permitido que el cerebro alcance su potencial genético, mejorando la integridad de la sustancia blanca y la velocidad de conducción nerviosa (Dutton et al., 2016).
- “Gafas Científicas” (Scientific Spectacles): James Flynn propuso que la modernidad nos ha obligado a abandonar el pensamiento concreto en favor de categorías abstractas (Flynn, 2012), lo que ha beneficiado el pensamiento científico. Mientras que el pensamiento funcional clasificaba objetos por su utilidad (“un perro sirve para cazar y un conejo sirve para comer”), el cerebro actual los organiza por taxonomías lógicas (“El perro y el conejo seres vivos pertenecientes al Reino Animal y a la Clase Mamíferos, por lo que comparten ciertas características”).
- Abstracción y Lógica Fluida: Las mayores ganancias se registran en la inteligencia fluida, vinculada a la resolución de problemas nuevos y la capacidad de abstracción. Este cambio se atribuye a la exposición constante de entornos “cognitivamente enriquecedores”, con estímulos simbólicos y entornos digitales que exigen una lógica binaria y secuencial. (Rogeberg, 2025).
- Descarga Cognitiva (Digital Offloading): Imagina que tu cerebro es como el almacenamiento de un teléfono móvil. Al usar herramientas digitales (como Google o la IA) para recordar datos o resumir textos, estamos pasando esa «carga» a un disco duro externo.
La Ventaja (Fortaleza): al no tener que memorizar cada detalle, liberamos espacio mental para pensar de forma creativa y resolver problemas complejos.
El Riesgo (Amenaza): Investigaciones actuales sugieren que, al dejar que la IA haga todo el trabajo de resumir y pensar por nosotros, nuestro cerebro deja de practicar cómo procesar información a fondo. Si no hacemos el esfuerzo mental de entender algo porque la IA ya nos dio el resumen, ese conocimiento no se «pega» en nuestra memoria a largo plazo. En pocas palabras, estamos usando la tecnología para ahorrar energía mental, pero el riesgo es que, por falta de uso, nuestra capacidad de analizar y entender profundamente las cosas se debilite (Harkin & Kuss, 2024).
Esto puede sonar muy positivo… pero en los últimos años, los investigadores encontraron dos fenómenos que, relacionados estrechamente con este efecto Flynn, son sumamente sorprendentes.
- El “efecto meseta”: En algunos países se está observando que, sin haber alcanzado los valores máximos, las puntuaciones de las personas evaluadas se han “estancado” a lo largo de periodos prolongados de tiempo.
- El “efecto reversal”: En otras pruebas, los puntajes de las generaciones actuales no solo dejaron de subir, empezaron a descender a finales del siglo XX y principios del siglo XXI.

*Estás graficas muestras resultados obtenidos en evaluaciones a jóvenes daneses de 18 años en tres categorías: Pensamiento verbal, numérico y geométrico. Las líneas oscuras muestras personas con estudios de preparatoria y las líneas claras personas sin estudios superiores. Fuente: Teasdale, T. W., & Owen, D. R. (2008). Secular declines in cognitive test scores: A reversal of the Flynn Effect. Intelligence, 36(2), 121–126. https://doi.org/10.1016/j.intell.2007.01.007*
¿Significa esto que las generaciones actuales son menos inteligentes que las anteriores? ¿Se está atrofiando nuestro cerebro? La respuesta a ambas preguntas es un rotundo NO. Nuevamente tenemos que encontrar las respuestas en el ambiente, más que en la biología evolutiva. Desde la neuropsicología, el fenómeno no se explica por una mejora biológica intrínseca, sino por una adaptación funcional del cerebro a un entorno saturado de abstracción.
Cultura Visual vs. Abstracción: El auge del «Homo Videns» (el hombre que solo ve) ha suplantado la palabra por la imagen. Esto atrofia la capacidad de abstracción profunda, ya que la imagen es una representación terminada que no requiere el esfuerzo de decodificación que exige el lenguaje. Además, el hecho de que menos personas lean, y pasen más tiempo viendo imágenes o videos, provoca que vivamos en una «burbuja del presente» sin capacidad de contrastar información.
Saturación Ambiental: Encontramos aquí un «efecto techo» en países desarrollados: una vez alcanzados niveles óptimos de nutrición y escolarización básica, el ambiente ya no puede empujar más los puntajes.
Impacto en el Desarrollo Cerebral: El uso excesivo de pantallas (6 horas diarias o más) y la búsqueda rápida de información impiden la consolidación de la memoria a largo plazo y reducen la capacidad de concentración, lo cual se asocia con un adelgazamiento de la corteza prefrontal y una reducción en el volumen de estructuras clave como el hipocampo. Esto afecta directamente las funciones ejecutivas: atención, memoria de trabajo y control inhibitorio. En 2025, la investigación se centra en cómo la IA Generativa está alterando estos procesos. La delegación de tareas de síntesis a algoritmos externos podría estar reduciendo la profundidad de los procesos de consolidación ejecutiva (Harkin & Kuss, 2024).
Visión Neurológica
Desde la visión neurológica, el aumento de la capacidad cognitiva se asocia con cambios estructurales impulsados por factores epigenéticos y ambientales como:
Maduración de la Corteza Cerebral: El desarrollo intelectual superior no depende de una corteza más gruesa desde el nacimiento, sino de una plasticidad más prolongada en el tiempo. Se ha observado que los individuos con CI elevado muestran una dinámica de engrosamiento y posterior «podado sináptico» (synaptic pruning) más extendida durante la infancia y adolescencia (Shaw et al., 2006).
Salud Metabólica y Conectividad: La mejora en la nutrición (ácidos grasos esenciales y micronutrientes) ha permitido que el cerebro alcance su potencial genético, mejorando la integridad de la sustancia blanca y la velocidad de conducción nerviosa (Dutton et al., 2016).
Neurotoxicidad y Descenso (2024-2025): Investigaciones recientes sugieren que la inversión del Efecto Flynn (antes considerada un estancamiento global del CI) no responde a una involución genética, sino a un fenómeno de neurotoxicidad ambiental.
A diferencia del siglo XX, donde la educación impulsó el desarrollo cognitivo, estudios actuales (2024-2025) señalan que la exposición a microplásticos y disruptores neuroendocrinos que dañan la creación de nuevas conexiones neuronales, alterando la plasticidad sináptica en el hipocampo, afectando la memoria y el aprendizaje espacial. El mecanismo clave es la alteración de la mielinización temprana. Si la mielina (la capa aislante de la neurona) no se forma correctamente, los impulsos eléctricos se dispersan o se vuelven lentos, lo que explica el descenso en la velocidad de procesamiento cognitivo y el CI. Los contaminantes dañan la capa aislante del axón de las neuronas y por lo tanto, la comunicación sináptica desde la infancia, sugiriendo que factores neurotóxicos ambientales podrían estar contrarrestando las ganancias educativas previas (Grandjean & Landrigan, 2014; Rogeberg, 2025).
El diagnóstico es preocupante: No es que el cerebro este “perdiendo inteligencia”… se está adaptando, con una eficiencia preocupante, a un entorno que está moldeando cerebros expertos en la inmediatez, pero frágiles en la profundidad. Ante este panorama, el papel de las instituciones educativas se vuelve sumamente importante: Una persona que ve afectado su pensamiento crítico es una persona que tendrá problemas para responder a los retos de su entorno, que no podrá contrastar o comparar opiniones y fuentes diversas y que, en consecuencia, puede ser fácilmente manipulada o incluso controlada. ¿Qué nos toca hacer a las instituciones de educación ante esta realidad? Se propone:
- Fomentar el pensamiento profundo: Debemos rescatar la lectura crítica de textos complejos y la escritura manual. Estas actividades promueven la consolidación de la memoria y el pensamiento abstracto, funciones que el escaneo superficial de información en internet está erosionando. Así mismo las tareas y actividades escolares deben promover el pensamiento crítico, la duda y la argumentación sobre la simple búsqueda de datos.
- Crear “Zonas de Enriquecimiento No Digital”: Las escuelas debemos ser refugios de «desconexión» donde se privilegie el aprendizaje cara a cara, la resolución de problemas manuales y la actividad física, factores que han demostrado aumentar la reserva cognitiva y proteger el cerebro
- Educar sobre salud cerebral: Es vital informar a las familias sobre los riesgos de la sobreestimulación sensorial temprana (antes de los 2 años) y la importancia del sueño y el ejercicio para el desarrollo sináptico saludable.
En conclusión, si algo nos está enseñando este efecto Flynn es la flexibilidad de la “inteligencia” y el pensamiento, y la importancia de crear ambientes cognitivamente enriquecedores y que fomenten el pensamiento profundo. Desde el conocimiento de cómo funciona el cerebro de nuestros estudiantes y cómo aprende en consecuencia, podemos generar estrategias exitosas para impulsarlos y prepararlos para el mundo al que deberán enfrentarse.
NOTA: Disruptores endocrinos (EDC): Son sustancias químicas, ajena al cuerpo humano, capaces de alterar el equilibrio hormonal y el funcionamiento del sistema nervioso. Son especialmente peligrosos durante el embarazo y la infancia, ya que es cuando el cerebro y los órganos se están «programando». Se encuentran comúnmente en plásticos: Bisfenoles, BPA (botellas y latas), cuidado personal: Ftalatos (perfumes, cosméticos y champús), alimentación: Pesticidas (frutas o vegetales y químicos en envases de comida rápida) y hogar: Retardantes de llama en colchones, alfombras y dispositivos electrónicos.
Referencias
Bratsberg, B., & Rogeberg, O. (2018). Flynn effect and its reversal are both environmentally caused. Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), 115(26), 6674–6678. https://doi.org/10.1073/pnas.1718793115
Dutton, E., & Lynn, R. (2024). The Flynn Effect: A Meta-analysis of IQ Gains and Losses in the 21st Century. Academic Press.
Dutton, E., van der Linden, D., & Lynn, R. (2016). The negative Flynn Effect: A systematic literature review. Intelligence, 59, 163–169. https://doi.org/10.1016/j.intell.2016.10.002
Grandjean, P., & Landrigan, P. J. (2014). Neurobiological effects of environmental toxicants. The Lancet Neurology, 13(3), 330–338.
Harkin, B., & Kuss, D. J. (2024). Digital cognitive offloading: The impact of AI on human memory and executive functions. Computers in Human Behavior, 152, 108–124.
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Shaw, P., Greenstein, D., Lerch, J., Clasen, L., Lenroot, R., Gogtay, N., Evans, A., Rapoport, J., & Giedd, J. (2006). Intellectual ability and cortical development in children and adolescents. Nature, 440(7084), 676–679. https://doi.org/10.1038/nature04513
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Garzaniti, R. (2018). La inteligencia a través de las generaciones: Millennials y centennials. Acta de Investigación Psicológica, 8(2), 90–100. https://doi.org/10.22201/fpsi.20074719e.2018.2.08
Manwell, L. A., Tadros, M., Ciccarelli, T. M., & Eikelboom, R. (2022). Digital dementia in the internet generation: Excessive screen time during brain development will increase the risk of Alzheimer’s disease and related dementias in adulthood. Journal of Integrative Neuroscience, 21(1), 28. https://doi.org/10.31083/j.jin2101028
Teasdale, T. W., & Owen, D. R. (2008). Secular declines in cognitive test scores: A reversal of the Flynn Effect. Intelligence, 36(2), 121–126. https://doi.org/10.1016/j.intell.2007.01.007
Trahan, L. H., Stuebing, K. K., Fletcher, J. M., & Hiscock, M. (2014). The Flynn effect: A meta-analysis. Psychological Bulletin, 140(5), 1332–1360. https://doi.org/10.1037/a0037173
Flynn, J. R. (2012). Are We Getting Smarter? Rising IQ in the Twenty-First Century. Cambridge University Press.
Tucker, I. (2012). James Flynn: IQ may go up as well as down. The Guardian. https://www.theguardian.com/technology/2012/sep/23/james-flynn-iq-scores-environment
Wilby, P. (2016). Beyond the Flynn effect: New myths about race, family and IQ? The Guardian. https://www.theguardian.com/education/2016/sep/27/james-flynn-race-iq-myths-does-your-family-make-you-smarter
Endocrine Society. (2024). Endocrine-disrupting chemicals: An Endocrine Society position statement. https://www.endocrine.org/advocacy/position-statements/endocrine-disrupting-chemicals
Rogeberg, B. (2025). Environmental neurotoxicity and the stagnation of cognitive gains. Trends in Cognitive Sciences, 29(4), 315-328. https://doi.org/10.1016/j.tics.2025.01.002
Grajeda-Portillo, L., Martínez-Sánchez, R., & Castro-López, J. (2025). Disruptores endocrinos: Impacto en ejes hormonales y estrategias nutricionales. Revista de Nutrición Clínica y Metabolismo, 8(1), 112-130. https://doi.org/10.3407/rncm.v8i1.452
