Por Angelica Rodríguez Madrigal y Aida Uribe Medina
Entender el Trastorno Negativista Desafiante (TND) requiere alejarse de la etiqueta de «niño malcriado» para observar un cerebro que procesa el mundo de manera distinta. Las investigaciones neurobiológicas más recientes (2024-2026) sugieren que el TND no es solo una cuestión de actitud, sino el resultado de una desregulación en circuitos cerebrales específicos que afectan la gestión emocional y la respuesta social. Investigadores como el Dr. Russell Barkley, una autoridad mundial en trastornos del control de impulsos, sugieren que el TND no es solo una falta de voluntad, sino una dificultad en la autorregulación emocional.
Gerald Patterson propuso su Teoría de la Coerción en 1982, a través de su obra Coercive Family Process, para entender cómo se mantiene este trastorno. Según su modelo de ciclos coercitivos, el niño aprende que el comportamiento desafiante es una herramienta eficaz para escapar de demandas o para obtener atención.
Patterson llamó a esto la «trampa del reforzamiento», porque ambos ganan algo a corto plazo (el niño obtiene lo que quiere y el adulto obtiene silencio), pero ambos pierden a largo plazo porque el trastorno se vuelve más fuerte.
Las evidencias actuales se centran en tres dominios mentales alterados: el procesamiento del castigo, la sensibilidad a la recompensa y el control cognitivo.
1. Procesamiento del castigo
Los niños con TND presentan una hiporreactividad en la amígdala ante estímulos negativos. Mientras que un niño típico siente una señal de alarma (miedo/ansiedad) ante la posibilidad de un castigo o una reprimenda, el niño con TND experimenta una respuesta atenuada.
Tienen niveles más bajos de cortisol basal (la hormona del estrés). Esto significa que no perciben el castigo como una amenaza de la misma manera que otras personas, lo que explica por qué los castigos tradicionales suelen tener poco efecto en ellos.
2. Sensibilidad a la recompensa
Existe una hiposensibilidad a la recompensa (dopamina). Para sentir placer o motivación, estos niños necesitan estímulos mucho más intensos que los demás. Esto los lleva a buscar sensaciones fuertes, a menudo rompiendo reglas para obtener una respuesta «vibrante» de su entorno (incluso si esa respuesta es una discusión).
3. Control cognitivo
La corteza prefrontal (CPF), encargada de las funciones ejecutivas (inhibición, planificación, regulación emocional), suele mostrar un desarrollo más lento o una conectividad reducida con el sistema límbico.
En momentos de ira, la comunicación entre la amígdala (emoción) y la CPF (razonamiento) se interrumpe. El niño entra en un estado de «secuestro emocional» donde biológicamente no puede razonar.
El Aprendizaje en el Niño con TND
El aprendizaje no es solo cognitivo, es emocional. En el TND, el aprendizaje se ve afectado por la ceguera ante las consecuencias sociales:
- Les cuesta aprender de los errores pasados. Si una conducta les trajo problemas ayer, su cerebro no necesariamente marca esa acción como «peligrosa» para hoy.
- Sesgo de atribución hostil. Tienden a interpretar señales ambiguas (un choque accidental en el pasillo, una mirada neutral del profesor) como ataques personales. Esto activa un estado de defensa constante que impide el aprendizaje tranquilo.
- Conducta como escape. El comportamiento desafiante funciona como una herramienta aprendida para escapar de las demandas.
- Sobrecarga de la memoria de trabajo. Aunque no siempre tienen déficit intelectual, la memoria de trabajo suele verse saturada por la carga emocional, lo que dificulta seguir instrucciones de varios pasos.

Herramientas desde la Neuroeducación
La neuroeducación propone «hackear» estos circuitos deficientes mediante estrategias que no dependan del miedo, sino de la conexión y la estructura. Estas intervenciones, alineadas con las mejores prácticas internacionales en pedagogía inclusiva, buscan transformar el aula en un espacio donde el estudiante pueda recuperar el gozo por aprender.
Resolución Colaborativa de Problemas (CPS)
Dado que el castigo no genera aprendizaje en este perfil, se utiliza la Resolución Colaborativa de Problemas (Collaborative Problem Solving). En lugar de imponer una regla, el educador expone su preocupación y pide al niño que proponga una solución. Esto activa la corteza prefrontal y reduce la resistencia defensiva.
Economía de Fichas
Los estudiantes con TND responden mejor a refuerzos positivos inmediatos y visibles que a los castigos. Sistemas como una economía de fichas funcionan cuando la recompensa se entrega en el mismo momento de la conducta, ya que así se activa el sistema cerebral de la motivación (dopamina) y se fortalece el aprendizaje.
¿Qué es la Economía de Fichas?
Es una estrategia pedagógica que refuerza las conductas positivas de forma inmediata y visible. A diferencia de los sistemas tradicionales, no se centra en castigos ni en premios lejanos, sino en ayudar al estudiante a comprender qué conductas se esperan y a sentirse motivado en el momento.

Las fichas, puntos o señales visuales se entregan justo cuando ocurre la conducta adecuada, facilitando el aprendizaje y la autorregulación. Su objetivo principal no es «premiar», sino enseñar y fortalecer comportamientos positivos. Es una herramienta pedagógica basada en cómo aprende el cerebro, especialmente útil en contextos educativos inclusivos.
Rutinas claras y visuales
El cerebro con TND suele mantenerse en estado de alerta. Por eso, las rutinas claras y visuales reducen la incertidumbre, disminuyen el estrés y ayudan a bajar la irritabilidad. La predictibilidad permite que el estudiante se sienta más seguro y tenga mayor capacidad de autorregulación.
💡 En el aula: anticipar, estructurar y reforzar de inmediato marca una gran diferencia.
El «Tiempo Fuera»: Positivo vs. Negativo
En lugar de enviarlo al «rincón de pensar» (que el cerebro interpreta como rechazo social, activando más la ira), se crea un Espacio de Calma. Es un lugar con herramientas de autorregulación (música, texturas, respiración) para que el cerebro recupere la conexión prefrontal antes de hablar del problema.
Entrenamiento en Cognición Social
Uso de historias sociales o juegos de rol para «reentrenar» la interpretación de intenciones ajenas, ayudándoles a ver que no todo el mundo está «en su contra».
Para los estudiantes con TND, el mundo suele percibirse como un lugar hostil donde las figuras de autoridad o los compañeros intentan controlarlos o molestarlos. Esta «reprogramación» es vital en el aula porque el TND no es solo mala conducta, sino un sistema de alerta cerebral que siempre está encendido.
El cerebro interpreta una corrección del maestro o un choque accidental de un compañero como una agresión directa. Las historias sociales actúan aquí como un «freno de mano» para ese impulso. Al leer una historia sobre una situación común, el alumno puede analizar el conflicto desde la distancia, sin sentirse atacado, lo que permite que su corteza prefrontal (la parte racional) tome el control antes de que estalle la rabia.
Beneficios en el aula
Llevar estas dinámicas al salón de clases transforma el ambiente de castigo a uno de aprendizaje emocional:
| Beneficio | Descripción |
|---|---|
| Reduce la exclusión | Cuando el grupo participa en juegos de rol, el alumno con TND no se siente señalado. Al ver que todos practican cómo reaccionar, se siente parte de un equipo y no el «niño problema». |
| Crea un lenguaje común | Las historias sociales establecen reglas claras y predecibles. Para un niño con TND, la predictibilidad reduce la ansiedad y, por lo tanto, baja el desafío a la autoridad. |
| Desarrolla la autorregulación | El aula se convierte en un laboratorio seguro. Si el alumno falla en el juego de rol, puede volver a intentarlo sin las consecuencias reales de un reporte o una suspensión, fortaleciendo su capacidad de detenerse y pensar. |

Al integrar estas herramientas, el maestro deja de ser un adversario y se convierte en un facilitador del aprendizaje que entrena al cerebro del estudiante para ser más flexible. Esto no solo mejora el comportamiento, sino que logra que el alumno se sienta seguro y comprendido, que es el primer paso para desactivar el desafío.
Cuando el cuidador cede ante el estallido para evitar el conflicto, se refuerza negativamente la conducta del niño. Los neurocientíficos ven esto como una plasticidad sináptica mal adaptada: el cerebro «aprende» que la agresión es una ruta funcional.

Factores Neuroquímicos y Genéticos
No podemos ignorar la química cerebral. Estudios liderados por autores como Stephen Hinshaw (2018) y Ferro González (2020) han explorado la relación entre el TND y niveles significativamente bajos de cortisol basal y una regulación atípica de la serotonina.
Al tener menos cortisol (la hormona del estrés), estos niños tienen un «umbral de miedo» muy alto. No sienten la misma ansiedad que otros ante un castigo o una consecuencia negativa, lo que explica por qué las amenazas de sanción suelen ser ineficaces con ellos.
Diversas investigaciones, particularmente la de StatPearls (2024), refuerzan que existe un traslape genético del 50% entre el TND y el TDAH. Este vínculo se encuentra en los receptores de dopamina. Esto crea una «deficiencia de recompensa»: el niño necesita estímulos muy fuertes, gratificación inmediata o conflictos intensos (que generan adrenalina) para sentir que su cerebro «se enciende».
Esta base neuroquímica justifica por qué las estrategias que usamos (como las historias sociales y el refuerzo positivo) son necesarias: estamos intentando compensar con aprendizaje externo lo que el cerebro no está regulando químicamente de forma interna.
El TND es un desafío tanto para quienes lo padecen como para quienes los rodean. Sin embargo, al entenderlo como una disfunción en los circuitos de regulación emocional, podemos pasar del castigo a la intervención estratégica. La neuroeducación nos ofrece el marco para ayudar a estos niños a recablear sus respuestas ante un mundo que perciben como hostil.

Referencias
- Hinshaw, S. P. (2018). Attention-deficit hyperactivity disorder (ADHD) and oppositional defiant disorder (ODD). En J. N. Butcher & J. M. Hooley (Eds.), APA handbook of psychopathology: Child and adolescent psychopathology (Vol. 2, pp. 249–275). American Psychological Association. https://doi.org/10.1037/0000065-011
- Ferro, M. A., & Gonzalez, A. (2020). Hair cortisol concentration mediates the association between parent and child psychopathology. Psychoneuroendocrinology, 114, 104613. https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2020.104613
- StatPearls Publishing. (2024). Oppositional Defiant Disorder. National Center for Biotechnology Information. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK557443/
- Ghosh, A., & Singh, R. (2025). Neurobiological markers in disruptive behavior disorders: A longitudinal analysis of amygdala-prefrontal connectivity. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 66(2), 112–128. https://doi.org/10.1111/jcpp.13982
- StatPearls Publishing. (2025). Disruptive Behavior Disorders: Focus on Oppositional Defiant Disorder and Conduct Disorder. National Center for Biotechnology Information. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK557443/
