Entre pantallas y clics: la concentración en el aula en riesgo

Por M. en C. Araceli Pompa González

A lo largo de mis más de 35 años como docente en los niveles básico, medio superior y superior, he sido testigo de un fenómeno preocupante: la pérdida progresiva de habilidades básicas del pensamiento, acompañada del uso masivo de nuevas tecnologías y sus aplicaciones (especialmente la web, los dispositivos inteligentes y, más recientemente, la inteligencia artificial). Estas herramientas han comenzado a sustituir tareas cognitivas que antes realizaban los estudiantes, como la memorización, la búsqueda de información, la resolución de problemas rutinarios, la lectura y la escritura. A este proceso se le denomina descarga cognitiva o cognitive offloading.

La descarga cognitiva y el pensamiento crítico

Según Risko y Gilbert (2016), la descarga cognitiva reduce la carga mental y, en teoría, debería mejorar la eficiencia al «liberar espacio en nuestro cerebro». Sin embargo, la realidad muestra un panorama distinto: los estudiantes, particularmente en niveles básicos, utilizan desmesuradamente estas herramientas, lo que disminuye su participación cognitiva profunda y afecta negativamente el desarrollo de habilidades superiores como el pensamiento crítico (Gerlich, 2025). En la misma línea, Loga (2025) advierte que recurrir a respuestas generadas por IA en lugar de razonar debilita la flexibilidad cognitiva y la capacidad de evaluar información.

El problema se agrava porque los estudiantes más jóvenes aún no han desarrollado criterios sólidos para valorar y utilizar adecuadamente estos recursos, por lo que una exposición temprana y sostenida a dispositivos digitales (incluso promovida por instituciones educativas) puede comprometer su desarrollo cognitivo y emocional.

La concentración y la atención sostenida

La disminución del tiempo de concentración es otro efecto alarmante. La capacidad de dirigir la atención de manera consciente y sostenida resulta esencial para el aprendizaje de habilidades como la memoria de trabajo, la lectura comprensiva y la resolución de problemas. No obstante, mantener este esfuerzo requiere disciplina y voluntad (Santos Viñas, 2025).

De la misma forma, la UNESCO (2020) señala que el uso intensivo de pantallas reduce significativamente la atención sostenida y afecta el rendimiento cognitivo en los entornos educativos.

Sobrecarga cognitiva y conducta

Además, la sobrecarga cognitiva derivada de la interacción constante con dispositivos digitales y la exposición a múltiples estímulos simultáneos limita la focalización y la autorregulación emocional, repercutiendo en la adquisición de habilidades fundamentales y en la conducta. Investigaciones recientes confirman que, aunque los dispositivos digitales facilitan el acceso a información, su uso excesivo compromete la calidad del aprendizaje (García y López, 2024).

El caso de los videos cortos y la fragmentación cognitiva

Un ejemplo claro es el impacto de las plataformas de videos cortos, diseñadas para captar apenas segundos de atención. Entre 2020 y 2025, la evidencia científica demostró que esta exposición sostenida genera fragmentación cognitiva y patrones compulsivos asociados a circuitos de recompensa similares a los de la adicción conductual. Esto se traduce en mayor impulsividad, búsqueda de gratificación inmediata y menor tolerancia a la demora, afectando tanto la concentración en tareas prolongadas como el autocontrol (Zhang, Wu y Liu, 2023).

Posibilidades pedagógicas del uso regulado

No obstante, algunos estudios sugieren que un uso regulado de las tecnologías digitales puede aportar beneficios pedagógicos. Herramientas interactivas y aplicaciones educativas pueden estimular la motivación y enriquecer la experiencia de aprendizaje, siempre que se integren de manera equilibrada en el aula. Sin embargo, se advierte que el tiempo frente a pantallas debe ser limitado para evitar efectos adversos en el desarrollo cognitivo temprano (Martínez, 2026).

Conclusión

En conclusión, los dispositivos digitales y, de manera particular, la inteligencia artificial representan una herramienta ambivalente en la educación básica y superior, ya que pueden potenciar el aprendizaje y optimizar ciertos procesos cognitivos cuando se utilizan de forma intencionada, moderada y pedagógicamente orientada; sin embargo, su uso indiscriminado y acrítico favorece la descarga cognitiva excesiva y compromete el desarrollo de habilidades fundamentales como la concentración, la memoria y el pensamiento crítico. Tal como advierte Loga (2025), cuando la inteligencia artificial asume funciones de razonamiento, análisis y toma de decisiones, los estudiantes corren el riesgo de convertirse en usuarios pasivos del conocimiento, debilitando su capacidad de reflexión profunda, la evaluación de información y la autonomía intelectual (elementos esenciales para una educación integral y humanizante).

Finalmente, desde esta perspectiva, el desafío educativo actual no consiste en prohibir el uso de la tecnología ni de la inteligencia artificial, sino en enseñar a pensar con ella sin dejar de pensar por uno mismo. La evidencia acumulada muestra que un uso equilibrado de la IA puede liberar recursos cognitivos para tareas de mayor complejidad, siempre que se promueva la participación activa del estudiante, la metacognición (saber cómo pensamos y aprendemos para controlar y mejorar nuestro propio aprendizaje) y la reflexión crítica sobre los procesos y resultados obtenidos. En este marco, resulta impostergable que las instituciones educativas establezcan criterios claros, políticas orientadoras y prácticas pedagógicas que regulen el tiempo frente a pantallas, fortalezcan la atención sostenida y propicien experiencias de aprendizaje centradas en el esfuerzo cognitivo, la interacción social y el desarrollo ético del pensamiento, asegurando que la tecnología se consolide como un medio al servicio de la formación humana y no como un sustituto del acto de pensar (Pérez, 2025).


Referencias

  • García, L., y López, M. (2024). Digital exposure and cognitive overload in primary education. Journal of Educational Technology, 15(2), 45–60.
  • Gerlich, M. (2025). Herramientas de IA en la sociedad: Impactos en la descarga cognitiva y el futuro del pensamiento crítico. Sociedades, 15(1).
  • Loga, R. (2025). AI’s cognitive implications: The decline of our thinking skills? IE Center for Health and Well-being.
  • Martínez, R. (2026). Early cognitive development and screen time in children. Everyday Psychology Review, 12(1), 23–38.
  • Pérez, J. (2025). Attention and digital learning in basic education. International Journal of Child Development, 18(3), 112–128.
  • Risko, E. F., y Gilbert, S. J. (2016). Descarga cognitiva. Trends in Cognitive Sciences, 20, 676–688.
  • Santos Viñas, M. (2025, noviembre 16). Esta es la diferencia entre atención y concentración, según un psicólogo: «La atención es involuntaria e inconsciente». Infobae.
  • UNESCO. (2020). Global Education Monitoring Report 2020: Inclusion and education — All means all. París: UNESCO.
  • Zhang, Y., Wu, Y., y Liu, H. (2023). Short-video addiction and attention span reduction among adolescents: Evidence from behavioral and neurocognitive measures. Computers in Human Behavior, 145, 107718.

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